Sergio Haddad

Con miras a la Cumbre de los Pueblos Río+20, el Consejo Internacional de Educación de Adultos (ICAE) organizó un intercambio virtual que pretendía suscitar un debate internacional destinado a reformular las necesidades de aprendizaje para un mundo donde valga la pena vivir, en un contexto donde los paradigmas están cambiando. Sergio Haddad describe este desafío y su conexión con la educación de adultos. Sergio ha trabajado durante muchos años en el Comité Ejecutivo de la secretaría del ICAE. En 1994, creó la ONG Açao Educativa con la misión de promover el derecho a la educación y los derechos de los jóvenes, como asimismo la justicia social, la democracia participativa y el desarrollo sostenible en Brasil. Él está profundamente comprometido en la organización de los Foros Sociales Mundiales en Brasil.

Educación en un mundo en crisis

Un contexto marcado por las crisis

«La escalada de la segunda fase de la crisis económica capitalista – ahora focalizada en Europa, aunque afectando a todos los países centrales – amplifica los perversos efectos sociales como consecuencia de la grave recesión surgida en 2008. Paralelamente, el constante crecimiento de China y de los demás países emergentes exige cada vez más recursos naturales. Ambos procesos repercuten fuertemente en la crisis ambiental global y profundizan las desigualdades sociales, por lo que generan nuevas crisis humanitarias. Todas ellas exigen respuestas urgentes que ningún gobierno puede dar. Todas ellas exigen una modificación profunda del sistema económico, social, cultural y político vigente – el capitalismo global y sus instituciones. En su conjunto, las mismas configuran una crisis de la civilización que arrastra consigo el destino de miles de millones de seres humanos (…)

En el horizonte inmediato se avizora un encuentro mundial donde estos problemas podrían ser debatidos para intentar encontrar soluciones a ellos, siempre y cuando haya voluntad política por parte de los líderes de las principales naciones; se trata de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (Río+20) que tendrá lugar en Río de Janeiro entre el 26 de mayo y el 6 de junio de 2012. Este encuentro está marcado por el simbolismo de los veinte años de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Río 92) y del ciclo de conferencias que le sucedieron, contexto en el cual emergió con fuerza el diagnóstico de que el mundo acumula enormes problemas estructurales y donde se elaboraron propuestas para enfrentarlos (…)

Ciertamente vendrán cambios, pero ellos sólo ocurrirán si son impulsados de abajo hacia arriba, a partir del protagonismo de la sociedad civil».

Así es como se inicia el llamamiento para que la sociedad civil se sume a la cumbre de Río+20, que se celebrará en Brasil el próximo año. La crisis económica, la crisis socioambiental y la crisis de paradigmas parecen complementarse mutuamente en un momento histórico al que muchos se refieren como una «crisis de la civilización». La fórmula que permitiría superar la actual situación se basa en el papel central que cumple la sociedad civil en vista de la falta de iniciativa observada en gran parte de los gobiernos, que han demostrado su ineficacia para afrontar estos desafíos, dejándose guiar por los intereses de las grandes empresas y del sistema financiero mundial.

La referencia a una crisis de la civilización obedece a que los valores y los paradigmas éticos que sustentan el actual modelo de civilización ya no pueden plasmarse en acciones. Atrás quedó la época en que podíamos concebir sociedades capaces de promover valores y objetivos que se mantenían durante toda la vida, como ganar más para consumir más y tener más. Esos valores han creado un modelo de desarrollo en el que solo el 20 % de la población mundial consume el 80 % de toda la producción, lo cual significa que si se pretende que algunas personas logren cumplir el sueño de tener cada vez más, es necesario que otros tengan cada vez menos. Por añadidura, para permitir que unos pocos consuman mucho, estamos agotando los recursos naturales, dañando el ambiente y a los habitantes de este planeta. El calentamiento global es la cara más perversa de esta crisis ambiental. ¡El modelo actual es insostenible! Es menester que superemos este modelo basado en un enfoque de «gana o pierde», privilegiando la adopción de un modelo en el que todos salgan ganando, con principios y valores éticos fundados en la mutua solidaridad entre los seres humanos e inspirados por un clima de coexistencia e intercambio, como también en la reconciliación con la naturaleza. Se trata de valores que deberán conducir a la sociedad hacia nuevos modelos económicos y nuevas iniciativas gubernamentales.

Las altas tasas de desempleo, la creciente desigualdad, la concentración del ingreso, la sobreexplotación y los empleos precarios, el deterioro ambiental, la concentración de la propiedad de la tierra, la progresiva expansión de los barrios marginales, los precarios servicios sociales, la privatización de los bienes comunes, la creciente discriminación de diversos tipos, son todos signos de esta crisis que parece ser de largo plazo. La creciente migración de personas que buscan un empleo digno y un medio de supervivencia ha traído consigo un aumento de la violencia y la represión de parte de los países que las acogen, a lo que se suma una creciente ola de xenofobia y discriminación.

Las respuestas ofrecidas por los gobiernos para superar esta crisis son las mismas a las que se apela durante los ajustes económicos tradicionales, y ya sabemos cuáles son las consecuencias de las famosas medidas de austeridad fiscal: aumento del desempleo, recortes en el gasto público, aumento de impuestos, y el uso de recursos públicos para salvar al sistema financiero y a las grandes empresas. Tomemos como ejemplo el caso de Grecia y de otros países europeos que, movidos por la lógica financiera, en lugar de invertir en el sector productivo comprometieron a sus economías en un régimen de intensa especulación, creando una burbuja insostenible en el sector financiero. El resultado que salta a la vista es el sufrimiento de su población, que tiene que afrontar las consecuencias de esta lógica financiera basada en la acumulación y la concentración de utilidades. Esta es la realidad de los países que tradicionalmente han ejercido el poder en todo el mundo.

Al mismo tiempo, los países emergentes, los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), han estado optando por la vía del crecimiento económico a cualquier costo, basado en los mismos patrones de producción del modelo que actualmente se encuentra en crisis, con un alto consumo de recursos naturales y sin poder ofrecer de manera equitativa un mínimo de bienestar a sus habitantes, lo cual refuerza las desigualdades y perpetúa el modelo de consumo contaminante.

Una vez más, quienes deberán pagar los costos de este modelo serán los pobres, aquellos que no pueden defenderse y hacer valer sus derechos. Asimismo, el medio ambiente resulta directamente afectado, pues existen claros indicios de que su ciclo natural está cambiando. Como consecuencia de la incapacidad de los gobiernos para regular los mercados durante estas décadas de política neoliberal, las grandes empresas y el sistema financiero, que son los principales responsables de la crisis, saldrán, una vez más, incólumes de esta situación y sus utilidades se mantendrán básicamente invariables.

La educación, en su dimensión de derecho humano y servicio público, puede ser usada como ejemplo de esta crisis: privatización; docentes escasamente cualificados, con bajos sueldos y desmotivados; mala calidad de los servicios; bajo rendimiento de los alumnos. Además, el objetivo de elaborar currículos para capacitar a los ciudadanos con miras a forjar un mundo justo y democrático se traduce en programas orientados por la lógica del mercado y las necesidades del sistema financiero: la competitividad y la formación tecnológica deshumanizada.

Todo lo anterior indica que la mayoría de los objetivos suscritos por las naciones a través de diversos acuerdos internacionales como el Marco de Acción de Belem, los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la Educación para Todos —siendo el año 2015 la fecha límite para presentar los resultados— no se alcanzarán y plantearán más dificultades en este contexto de crisis mundial.

En estas circunstancias conviene que nos formulemos algunas preguntas, por ejemplo: ¿Cómo podemos analizar la crisis y sus repercusiones? ¿Cuáles son las causas estructurales de las múltiples crisis y de la deficiente implementación de los acuerdos internacionales? ¿Cuáles son los desafíos que afrontan los sistemas democráticos al tratar de crear nuevas instituciones para un sistema financiero no especulativo que garantice los derechos económicos y sociales y un desarrollo que no destruya el medio ambiente? ¿Cuáles son las consecuencias para el ámbito educativo? ¿Cómo podemos construir una nueva economía basada en la justicia social y ambiental que promueva la educación sometiéndose a nuevas condiciones?

El movimiento de la sociedad civil y el movimiento de los educadores

«La gente está presenciando un recrudecimiento de las luchas populares que resulta más original, generalizado y vigoroso que los observados en las décadas pasadas. Las movilizaciones políticas se han impuesto de manera abrumadora en el mundo árabe. Los indignados se toman las plazas de España y de muchos otros países europeos. El movimiento «Ocupemos Wall Street» se extiende por los Estados Unidos. Las protestas y movilizaciones indígenas producen una gran efervescencia en la ya agitada región andina. Un inusual nivel de actividad de los movimientos de masas alcanza incluso a países conocidos por su estabilidad social. El 15 de octubre hemos tenido casi un millar de manifestaciones en ciudades de 82 países.

La indignación ante las desigualdades e injusticias políticas y sociales aparece como una marca común para la mayoría de estos movimientos que cuestionan el «sistema» y el «poder», se confrontan con su destructividad y rompen con la pasividad de las décadas neoliberales. La política de austeridad promete más miseria y lleva a los/las jóvenes a movilizarse por su futuro. En todos los continentes, sectores antes apáticos se ponen en movimiento de forma pacífica, democrática, pluralista, unitaria y autónoma en relación al poder.

Estos movimientos nacen de las necesidades y aspiraciones del presente, después de tres décadas de globalización neoliberal. Son movilizaciones por tadoras de valores que se perdieron en la época neoliberal, como la empatía por el sufrimiento ajeno, solidaridad, defensa de la igualdad, búsqueda de la justicia, reconocimiento de la diversidad, crítica a la homogenización del mercado en el mundo, valorización de la naturaleza: ideas centrales para la reconstrucción de un proyecto contrario a la hegemonía, más humano y justo»

Con estas palabras, el mensaje difundido por los organizadores de la Cumbre de los Pueblos, una actividad paralela a Río+20, analiza la ola de reacción contra las crisis antes mencionadas. Se prevé que este mismo tipo de movilizaciones continuará desarrollándose durante el camino hacia Río+20, y son muchas actividades que, ciñéndose a la siguiente agenda, forman parte de este proceso de acumulación de fuerzas por parte de la sociedad civil: movilizaciones contra el G-20 en París, que tuvieron lugar entre el 3 y el 4 de noviembre de 2011; movilizaciones durante la Decimoséptima Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 17), en Durban, que se celebró entre el 28 de noviembre y el 9 de diciembre de 2011; el Foro Social Temático que se llevará a efecto en Porto Alegre en enero de 2012; el Foro del Agua, que se celebrará en Marsella en abril de 2012.

El Foro Social Temático: Crisis Capitalista, Justicia Social y Ambiental que tendrá lugar en Porto Alegre y en la Región Metropolitana entre el 24 y el 29 de enero de 2012, es uno de esos acontecimientos en que la sociedad civil reúne fuerzas a través de debates en torno a la realidad mundial, la formulación de propuestas para superar la crisis y la elaboración de estrategias de movilización. En el contexto de la crisis mundial, su interés se centra en la próxima gran reunión internacional denominada Río+20.

Es de esperar que Porto Alegre y la Región Metropolitana constituyan el punto de encuentro de los indignados, los habitantes locales y todos los movimientos antisistema capaces de proponer una salida de la crisis. De esta reunión habrán de surgir directrices y campañas mundiales. Es muy importante tener en cuenta que estos esfuerzos solo serán eficaces si somos capaces de enunciar y transmitir un paradigma de sociedad alternativo, si elaboramos un vocabulario común que permita formular las generalizadas exigencias de gran parte de la población. Puesto que se trata de un foro temático, se podrá organizar una reflexión progra-mática y estratégica que también será presentada en Río+20 y atraerá multitudes a Río de Janeiro, tal como se anuncia en su convocatoria.

En el área de la educación tenemos la Campaña Mundial por el Derecho a la Educación, a la que se suman diversas campañas nacionales; distintos movimientos de educación popular, muchos de los cuales están siendo integrados desde una perspectiva de género, raza, etnia y orientación sexual. También podemos citar como ejemplo el importante movimiento de los estudiantes chilenos.

Estas y otras expresiones de la sociedad civil nos llevan a formularnos las siguientes preguntas: ¿Cómo podemos dar visibilidad a las luchas de resistencia y a la defensa de una educación pública de calidad, y quiénes son actualmente los portadores del futuro? ¿Cómo podemos, en nuestra calidad de educadores, detener la mercantilización de la vida, la privatización de los bienes comunes y de la naturaleza? ¿Cómo podemos perfeccionar las estrategias para coordinar nuestras luchas y las actuales campañas en favor de la calidad de la educación, y cómo podemos poner en marcha nuevas campañas en que las nuevas tecnologías de comunicación se transformen en verdaderas herramientas de empoderamiento y participación?

¿Qué otros aspectos podrían ayudarnos a encontrarle sentido a nuestras luchas de resistencia y, como movimiento de educadores, a buscar alternativas para otro mundo posible?

Nuestro papel como educadores

En atención a la presente crisis y a sus repercusiones en el ámbito educativo, y teniendo en cuenta las movilizaciones de docentes y de otros sectores sociales que reaccionan frente a los problemas ocasionados por el actual modelo de civilización, vale la pena preguntarnos cuál es, en estricto sentido, nuestro papel como educadores.

Uno de los nuevos paradigmas que pueden guiar las prácticas educativas en sus diversas dimensiones, desde la enseñanza formal a la no formal, es la preocupación por los demás. Este paradigma, tan importante para las mujeres y su movimiento como para otros grupos sociales, asume la doble función de prevenir futuros perjuicios y regenerar las estructuras dañadas por desastres del pasado.

Consideramos que el hecho de ser capaz de preocuparse por los demás constituye un aprendizaje fundamental en el contexto de los desafíos para la supervivencia de nuestra especie, ya que es una actitud que debe adoptarse, quiérase o no: como seres humanos, si no aprendemos a preocuparnos por los demás, estamos condenados a desaparecer. Consideramos que en el actual contexto mundial del planeta y de las sociedades, la preocupación por los demás es el nuevo paradigma que imprimirá orden y orientación a nuestra actividad política, científica, económica, empresarial, estética, como también a nuestra vida cotidiana y a nuestra educación.

Otros grupos han trabajado en la elaboración de paradigmas adicionales que complementan los ya existentes y pueden contribuir de manera cooperativa a generar una nueva concepción de las prácticas educativas. Es el caso del paradigma del buen vivir. Este concepto ha sido rescatado por los pueblos tradicionales de la región andina, y en él se fomenta un estilo de vida basado en el «buen vivir», que está en pugna con los principios que vertebran el actual sistema y su dinámica de producción y acumulación infinita e ilimitada. Ello se debe a que:

«Su núcleo distinguible puede sintetizarse esencialmente en una mirada holística y cósmica, de respeto y convivencia horizontal con la naturaleza, de búsqueda de la justicia social y el pleno respeto pluricultural. De manera especial, enfatiza una radical concepción del bienestar y el desarrollo que impone la autolimitación y la austeridad como opuestos a la producción ilimitada y el despilfarro irresponsable e insostenible. Desde profundas contenidos comunitarios, pone en muy limitada importancia el consumo y la propiedad individuales, pero releva a un lugar crucial la inclusión de todos y la armonía de los sentimientos. Un mirar y un sentir del ser humano y del mundo que lo integra de manera orgánica con la totalidad del universo, separándose del antropocentrismo hegemónico de la modernidad occidental capitalista».1

En vista de la crisis socioambiental, los movimientos de educadores han estado discurriendo procesos y programas en los que se puedan incorporar nuevos paradigmas y prácticas para así recobrar la percepción y la orientación en la relación entre el ser humano y la naturaleza. Una de las redes más importantes que ha estado trabajando en esta tarea de recuperación es la Jornada de Educación Ambiental, que considera el «Tratado sobre educación ambiental para sociedades sustentables y responsabilidad global» como su carta de principios. En ese documento se señala:

«Consideramos que la educación ambiental para una sociedad sustentable equitativa es un proceso de aprendizaje permanente, basado en el respeto por todas las formas de vida. Una educación de este tipo afirma valores y acciones que contribuyen a la transformación humana y social y a la preservación ecológica. Ella estimula la formación de sociedades socialmente justas y ecológicamente equilibradas, que conserven entre sí una relación de interdependencia y diversidad. Esto requiere responsabilidad individual y colectiva a nivel local, nacional e internacional.

Consideramos que la preparación para los cambios necesarios depende de la comprensión colectiva de la naturaleza sistémica de las crisis que amenazan el futuro del planeta. Las causas primarias de problemas como el aumento de la pobreza, la degradación humana y ambiental y la violencia, pueden ser identificadas en el modelo de civilización dominante, que parte de la superproducción y el consumo excesivo y la falta de condiciones para poder producir observable la gran mayoría.

Consideramos que la destrucción de los valores básicos, la alienación y la no participación de casi la totalidad de los individuos en la construcción de su futuro son inherentes a la crisis. Es fundamental que las comunidades planifiquen e instrumenten sus propias alternativas a las políticas vigentes. Entre esas alternativas está la necesidad de abolir los programas de desarrollo, ajustes y reformas económicas que mantienen el actual modelo de crecimiento, con efectos devastadores sobre el medio ambiente y la diversidad de especies, entre ellas la humana.

Consideramos que la educación ambiental debe generar, con urgencia, cambios en la calidad de vida y mayor conciencia en la conducta personal, así como armonía entre los seres humanos y entre éstos y otras formas de vida».

Asimismo, en la declaración emitida en su última Asamblea General que tuvo lugar en Malmö, Suecia, el Consejo Internacional de Educación de Adultos (ICAE) formula la exigencia de asumir responsabilidades en esta nueva era, en la que el conocimiento cumple un papel fundamental y se requiere contar con una educación de calidad y acceso igualitario para todos, en especial para jóvenes y adultos que son excluidos de beneficios a los que tiene derecho toda la humanidad:

«Convocamos a las organizaciones de la sociedad civil a rever sus procesos y forjar estrategias para nutrir la forma emergente de vida y una nueva solidaridad económica y ecológica, y para discutir cómo es posible otro planeta, donde todos tienen acceso a energía limpia y segura, a fin de alcanzar los niveles de consciencia crítica, necesarios para sustentar la acción en la justicia climática.

Reconocemos que, en el contexto del aprendizaje a lo largo de la vida, la exclusión social no significa solo la exclusión de oportunidades de aprendizaje, sino también la perpetuación de una jerarquía de conocimiento que, consciente o inconscientemente, impide el acceso a ciertos tipos de conocimiento. En un mundo donde valga la pena vivir, el acceso a todas las formas de conocimiento será abierto y democratizado, y llamamos a los Estados a desarrollar planes de acción para ese fin.

Exigimos la educación de todas las personas a lo largo de la vida y nuevas políticas de educación en las que el aprendizaje y la educación de jóvenes y adultos no se vean como un gasto adicional, un apéndice de la política de educación, sino como parte esencial de la solución a los desafíos que hoy enfrenta la humanidad. Personas sin acceso a oportunidades de aprendizaje y de poder precisan del apoyo activo del Estado, de una infraestructura efectiva en la educación de adultos. Se debe dar especial atención a programas de patrocinio que aseguren la igualdad de voz, representación, reconocimiento, fortalecimiento de una ciudadanía autónoma para las mujeres.»2

El Consejo Internacional del Foro Social Mundial celebrado en Dakar decidió promover un debate sobre las nuevas perspectivas para una educación que se contrapone a los modelos tradicionales y los paradigmas antiguos. A este respecto, en el sitio web del Foro Mundial de Educación está disponible una interesante revisión bibliográfica sobre el concepto de educación para el desarrollo sostenible (EDS), realizada por Alessio Surian.3 En ella se analiza de manera crítica este concepto, cuyo origen se remonta a la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano, celebrada en Estocolmo en 1972; el Informe de la Comisión Brundtland de 1987; y las cumbres mundiales de 1992 y 2002. También plantea alternativas y propuestas concretas que distintas redes educativas se encuentran llevando a cabo en diversas regiones.

Como puede apreciarse, existe una creciente preocupación entre los educadores por debatir nuevos paradigmas y por crear nuevos procesos y programas que se ajusten a sus prácticas educativas y a los nuevos tiempos. Los anteriormente mencionados son solo algunos ejemplos en este ámbito. Fuera de ocuparse de analizar el tema de la crisis y su impacto en la educación, el Grupo de Trabajo sobre Educación, encabezado por el ICAE, se dedicará a debatir y a elaborar nuevos paradigmas y prácticas educativas para una nueva era, al igual que métodos que permitan difundir e implementar dichas prácticas.

En este sentido, debemos preguntarnos qué nuevos paradigmas pueden servir de guía para desarrollar un concepto renovado de educación orientada a la solidaridad, la atención y el bienestar, en contraste con los actuales paradigmas basados en la lógica del mercado y la competencia. ¿De qué manera podemos, como educadores, transformar nuestras prácticas educativas en iniciativas que permitan forjar otro mundo posible? ¿Qué ejemplos de nuevos conceptos y prácticas pueden ofrecernos semillas que una vez sembradas den como fruto una nueva educación posible? ¿Qué formas de educación podemos desarrollar para enseñar según los «nuevos paradigmas» e ir más allá de las aptitudes inculcadas por los actuales sistemas escolares? ¿Qué tipos de cambios políticos e institucionales son los que supuestamente deberíamos promover para crear nuevas formas de aprendizaje que permitan que jóvenes y adultos adquieran y desarrollen las aptitudes necesarias para intervenir activamente en la generación de nuevas formas de ciudadanía empoderada y participativa?

Notas

1 «Rescatar y valorar otros pilares éticos: el Buen Vivir», por Ricardo Jiménez.
2 ICAE: Declaración de Malmö.
3 www.forummundialeducacao.org